Las artimañas de la industria alimentaria

Las artimañas de la industria alimentaria

Eliges un alimento y no otro

Bien. Entramos en el supermercado, y hay un sinfín de productos a nuestra disposición para elegir. Existen muchas razones por las que elegimos comprar uno y no otro. El precio, la marca o el sabor son algunas características que nos hace fieles a los productos que consumimos.

Pero, ¿sabes lo que estás comprando?  ¿Por qué muchas veces ese producto nos interesa más? ¿Es el envase lo que nos llama la atención?

Comemos y compramos por los ojos.

Siendo claros, el marketing de las empresas condiciona mucho nuestra alimentación. Básicamente, nos vemos inmersos en  las artimañas de la industria alimentaria para que escojamos ese producto y no el de al lado.

La lista de ingredientes es clave

“He escuchado que ese producto tiene mucha grasa” o “me han dicho que éste tiene mucho azúcar”, son algunas de las sospechas más frecuentes. Pero, ¿estamos realmente informados? ¿Podemos conocer los ingredientes que contienen los productos que consumimos?

 ¡Sí!

Por ley, los fabricantes tienen la obligación de indicar la lista de ingredientes en el envase de su producto. Es una información clave para el consumidor. Tal cual. Presta atención a ella. La lista siempre empieza con el ingrediente de mayor cantidad en el producto; y el último ingrediente es el que se encuentra en menor cantidad.

La lista de ingredientes es decreciente: de mayor a menor cantidad en el producto.

Si vas a comprar por ejemplo una tableta de chocolate negro, lo lógico es que en primer lugar aparezca un ingrediente obtenido a partir de productos del cacao. Muchos de nosotros asumiríamos que éste es el ingrediente mayoritario. Sobre todo si nos indica en el frontal del envase que es PURO, con la foto del chocolate claramente negro.

Pero esto no es así, y destaco esto porque existe alguna marca que, a pesar de que el chocolate sea negro, su primer ingrediente es el azúcar, como podréis ver pinchando aquí. Este es un ejemplo de la importancia de leer bien el etiquetado y, en este caso concreto, de leer la lista de ingredientes empleados para su fabricación.

Tenemos un abanico muy amplio para elegir unos alimentos frente a otros, y muchas veces no lo hacemos de manera informada.

El verdadero problema

Nuestro estilo de vida ha cambiado, de eso no hay duda. Actualmente cocinamos menos y, además, normalmente no solemos leer bien las etiquetas de los productos que consumimos. ¿Por qué?

¿Cuál es el obstáculo con el que nos encontramos? Pues muy fácil. Nos ponen en venta muchos productos que no son lo que parecen. Lo típico, por ejemplo: “sano” “natural” “0,0”. Estas alegaciones nos hacen pensar que es bajo en calorías, más light, más sano, más casero, mejor para nosotros.

Digamos que la industria se aprovecha de algún modo de aquellas alegaciones que no están legisladas y las indican en el producto para que nos llame más la atención.  Desgraciadamente, la legislación permite estas pequeñas artimañas que favorecen el engaño por parte de los fabricantes y así nosotros, de manera fácil, caemos en la trampa.

Si sale en la TV, lo prefiero

Y ¿qué decir de la publicidad? Pues como todos sabemos, ¡tiene un poder muy grande sobre el consumidor! Mucho más que la propia etiqueta. Pensamos a menudo que es mejor por haberlo visto anunciado en la televisión, en ese cartel o en aquella revista, por ejemplo.

Entonces, si la estrategia de la industria es hacer que cojamos ese producto y no el de al lado, ¿quiere decir que ése tiene mejores características? No tiene por qué. ¿Nos están manipulando? (Un poco) Sí.

Definitivamente, existen muchas claves de marketing que hacen que acabemos consumiendo un producto. Por ello es importante revisar todas las etiquetas, sobre todo si tienes dudas.

Además, el etiquetado de alimentos es obligatorio y, según el país en el que nos encontremos, la legislación establece qué información deben llevar esas etiquetas y cómo deben ser. Los consumidores tenemos derecho a conocer qué consumimos.

Te sorprendería la información que puedes descubrir

La letra pequeña

La información del etiquetado está ahí para nosotros. En este etiquetado tenemos, entre otros, la fecha de caducidad, la lista de ingredientes y la información nutricional. Aprovecha esta información. De esta forma estarás ejerciendo un consumo informado. Además de conocer qué estas consumiendo, podrás elegir entre unos alimentos u otros con mayor criterio.

Como de costumbre, la verdad está en la letra pequeña. El etiquetado debería tener un tamaño más grande.

Si quieres consumir algo natural y sano consume, por ejemplo, unas legumbres, unas verduras y frutas que sean reales. Lo mejor es escoger productos frescos y de temporada porque los muy procesados suelen llevar una gran cantidad de azúcares, grasas no saludables y otros ingredientes que, para la industria son necesarios (a veces para que nos guste más, y así vender más) pero innecesarios para nosotros a nivel nutricional.

Por favor, aunque tengas que ponerte las gafas, lee el etiquetado

Reflexión sobre las artimañas de la industria alimentaria

Los medios de comunicación, a veces incitan a los niños y a la población en general a consumir alimentos procesados que distan mucho de ser saludables. Es cierto que existe cada vez más control pero se aleja mucho de lo ideal o, al menos, de lo verdaderamente responsable.

Parece que la industria por un lado trata de frenar esos intentos de defender la salud, aunque ya exista una conciencia de mejorar los valores nutricionales.

La manera de regular este asunto no siempre es fácil  y no podemos filtrar a todos los nutricionistas, expertos en salud pública e investigadores independientes y éticos en la industria para que cambien todos la composición de todos los productos (aunque no estaría mal :P).

Mientras tanto la industria se las ingeniará para vender más.

Hasta que no haya una normativa más exigente, hasta que los gobiernos y los organismos internacionales y todas las partes implicadas no hagan políticas, campañas y una comunicación realmente efectivas, la industria se las ingeniará para vender más.

Y nosotros, cual ratones, a la ratonera.

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Bárbara Hernández Rodríguez

Dietista-nutricionista titulada por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), Máster en Seguridad Alimentaria (UCM) y estudiante de Máster en Epidemiología y Salud Pública (VIU). Disfruta de su profesión transmitiendo sus conocimientos con el fin de ayudar a las personas a cumplir sus objetivos y mejorar su salud. Fiel defensora de la educación alimentaria y nutricional como herramienta fundamental para crear hábitos saludables y duraderos. Curiosa y gourmande. Aficionada al baile, al surf y al ejercicio fí